lunes, 10 de noviembre de 2014

OLIVO DE LA CALLE HUERTAS

OLIVO DE LA CALLE HUERTAS (olea europaea)

El olivo es uno de los árboles más característicos del área mediterránea. Originario de la zona oriental de dicho mar y del Asia Menor, fue difundido por fenicios, griegos, romanos y árabes y su cultivo es uno de los más antiguos de la cuenca mediterránea . Tradicionalmente el árbol simboliza la sabiduría, la paz, la victoria y la castidad.

Olivar de la Partija, en Rivas Vaciamadrid
La mitología griega lo consideraba propio de la diosa Atenea (Minerva romana). Utilizado como símbolo de paz y de la victoria, era entregado a los atletas que triunfaban en los juegos olímpicos. También se usaba su aceite para untar los cuerpos de los luchadores. En Roma, los nuevos esposos llevaban guirnaldas o coronas y también coronaban con él a los muertos. Para los judíos era el símbolo de unión entre Yavé y los hombres. En el islam es el eje del mundo. Es por tanto un árbol con un reconocimiento intercultural  y valorado  por las tres religiones del libro (judía, cristiana e islámica).

Más recientemente se ha asumido la figura de la paloma con una rama de olivo como símbolo de la paz y se ha incluido en la bandera de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la que dos ramas de olivo acogen al mundo. 

Se trata de un árbol no muy alto, de crecimiento muy lento y larga vida. Se afirma que los olivos de  Getsemaní, en Jerusalem (Monte de los Olivos), tienen más de dos mil años. Su tronco es grueso y retorcido, con la corteza agrietada en ejemplares adultos y de color pardo grisácea. En los ejemplares mayores, el tronco se convierte en un auténtico cuadro abstracto donde podemos buscar formas y figuras en sus retorcidos nudos. A veces se divide desde el suelo dando origen a troncos separados. Su madera, dura y de fácil pulimento, ha sido utilizada en ebanistería y tornería y produce un excelente carbón.


Tronco de olivo.
La copa es redondeada y está formada por ramas flexibles y hojas perennes, de forma lanceolada y color verde por el haz y algo blancuzcas por el envés. Las flores, pequeñas, blancas y olorosas, aparecen al final de la primavera y producen el fruto a finales del otoño. Este fruto, la aceituna (también oliva en algunas zonas del centro y norte de España), verde al principio y negro al final de su maduración, ha sido utilizado para su consumo humano desde muy antiguo, en forma natural o convertido en aceite. En España es un ingrediente fundamental de nuestra gastronomía.

Se acomoda a casi cualquier tipo de suelo y resiste muy bien la sequía, de hecho, el exceso de agua le perjudica, aunque no tanto como las heladas, por lo que no suele darse en lugares de cierta altitud, donde la temperatura descienda por debajo de los 10 grados centígrados.


Olivo del Retiro, junto al polideportivo de la Chopera
Su nombre científico (olea europaea) hace referencia al término que utilizaban los romanos para designarlo y a su presencia en nuestro continente. El nombre vulgar, olivo, hace referencia al latino olivum con el que designaban al aceite de oliva.

En Madrid lo encontramos frecuentemente en parques y jardines así como en calles y plazas. De forma natural, quedan en la ciudad algunos olivares testimoniales como el Olivar de la Hinojosa (en el Parque Juan Carlos I) o el Olivar de Chamartín de cuyos ejemplares se afirma, y con bastante fundamento,  que ya existían en tiempos de la invasión napoleónica.

Olivar de la Hinojosa, en el Parque de Juan Carlos I
Pero también en nuestra comunidad hay zonas de producción agrícola, fundamentalmente en la Campiña, el suroccidente y en las Vegas. En total los olivares de Madrid ocupan una extensión de unas 27.000 hectáreas y suponen una producción de 16.000 toneladas (que se convierten en unas 3.200 de aceite). Nada que ver, desde luego, con la extensión y la producción de las zonas de España donde este cultivo es más característico, especialmente en Andalucía. Hay que tener en cuenta que España es el primer productor de aceite de oliva del mundo.

El olivo de la calle Huertas se encuentra en el cruce entre Huertas y San Sebastián, en el antiguo cementerio de la iglesia de San Sebastián, hoy convertido en floristería y jardinería. Este cementerio era conocido como “el de los artistas” por el tipo de personalidades allí sepultadas (entre otros, en algún lugar de la iglesia o del cementerio se encuentran los restos del propio Lope de Vega).

Olivo del cementerio de los artistas e iglesia de San Sebastián
Sobre el cementerio corre una leyenda que refiere el macabro intento de desenterramiento de su amada, la actriz María Ignacia Ibáñez, por parte del escritor José Cadalso. Éste, supuestamente trastornado por el pronto fallecimiento de su dama, planeó e intentó llevar a cabo la exhumación ilegal del cadáver para conducirlo a su casa y mantenerlo junto a él. Tal intentona no pudo llevarse a cabo por la intervención del conde de Aranda que puso bajo vigilancia al escritor y lo detuvo cuando una noche iba a poner en práctica su plan.

Lo cierto de la historia es que ambos personajes, escritor y actriz, mantuvieron relaciones entre 1770 y 1771   que fueron interrumpidos por la muerte de la actriz el 22 de abril de 1771 (a los 25 años). Es igualmente cierto que José Cadalso la reflejó en su obra Noches lúgubres, donde cuenta  en tres noches (la última sin acabar),  como Tediato intenta exhumar el cadáver de su amada, profanando el templo, para llevárselo a su domicilio y suicidarse posteriormente incendiando la casa. Para ello compra la colaboración del sepulturero, Lorenzo, quien accede por necesidad. Diferentes percances le impiden lograr su propósito en la primera y segunda noches, y la tercera, inconclusa, nos deja con la intriga

Olivo del cementerio de los artistas
La iglesia de San Sebastián se construyó entre 1554 y 1575 para acoger los feligreses de la antigua ermita de San Sebastián, que se encontraba en el camino hacia el Santuario de Nuestra Señora de Atocha. Destruida durante la Guerra Civil por una bomba de la aviación, fue restaurada entre 1943 y 1959. En 1959 fue declarada Bien de Interés Cultural. Esta iglesia, junto con la de San Luis (desaparecida), conservaban el derecho de asilo, es decir, se podían refugiar en ellas quienes temían la persecución de la justicia. Al encontrase en el centro de la ciudad, la relación de personajes que aparecen en sus libros de bautismo, defunción o matrimonio es impresionante.  

Enfrente del antiguo cementerio está el palacio del Conde de Tepa, hoy convertido en un moderno hotel. En sus  bajos tenía lugar la tertulia de la Fonda de San Sebastián, la primera de las tertulias modernas. Fue fundada en 1771 y a ella acudían los mejores escritores del momento para comentar las actualidades literarias nacionales e internacionales. Su fundador fue Nicolás Fernández de Moratín y en ella participaron el propio José Cadalso, Tomás de Iriarte, Samaniego y Jovellanos entre otros muchos.

El olivo se encuentra bien conservado y es el centro de atención de paseantes y visitantes de la tienda.

Publicado en el mes de diciembre de 2012

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