sábado, 14 de noviembre de 2015

ÁRBOL DEL AHORCADO (Casa de Campo)

El Árbol de Ahorcado de la Casa de Campo es un fresno (fraxinus angustifolia) situado junto al arroyo Meaques en la fresneda del Zarzón. Esta fresneda se encuentra en la zona suroeste de la Casa de Campo, próxima a la puerta del Zarzón, por donde el arroyo Meaques entra en la finca. La fresneda del Zarzón y la cercana del Batán, forman sendos bosquetes adehesados por la presión humana y en ellos pueden encontrarse  importantes ejemplares aislados como el que nos ocupa,  acompañados de otra vegetación como majuelos, zarzas y rosales silvestres.

Árbol del Ahorcado
  En su origen, la Casa de Campo formó parte de un plan más amplio del rey Felipe II para acondicionar la Villa de Madrid y convertirla en digna capital de sus reinos.

Así, en 1556, año de la instalación de la corte en Madrid, ya mandó el rey formar un bosque junto a la villa y en la zona más próxima al Alcázar. Unos años después, en 1559 ordenó desde Bruselas a su secretario Juan Vázquez que se pusiera de acuerdo con Gaspar Vega para compar la Casa de Campo de los Vargas, situada en la otra parte del  Manzanares, en el lugar que el rey había elegido para formar el Real Bosque. Desde ese año y hasta el de 1582 se hicieron por orden del rey diversas compras de tierra y fincas próximas a la citada casa de los Vargas con lo que se aumentó considerablemente dicha posesión.


La Casa de Vargas en la actualidad
Posteriormente, Fernando VI y Carlos III añadieron diversas posesiones, siendo este último el que hizo construir la tapia que cerraba la finca, de fábrica de ladrillo y mampostería. También por orden suya se realizaron otras mejoras como la construcción de diversos puentes, uno de los cuales, el de la Culebra se encuentra muy cerca de nuestro árbol.

Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de 1848 nos cuenta que inicialmente la posesión estaba dividida en cuarteles: de las Torrecillas, de Cobatillas, del Portillo, de los Pinos y de Rodajos, y tenía una extensión de 4.097 fanegas repartidas en  tierra de labranza (480), caminos, arroyos y veredas (520), tres lagos (34), tierra de regadío (450), plantel y jardín (44), huerta (8 y 6 celemines), chaparrales y jarales (242 fanegas), edificios, corrales y patios (6), y terreno de tercera clase, sumamente arenoso y dedicado a la caza (2433), lo que da una idea de los usos a los que estaba destinada la propiedad. En la actualidad su extensión es de 1722,6 hectáreas incluyendo los terrenos del Club de Campo.


Entrada del arroyo Meaques en la Casa de Campo
La Casa de Campo fue una posesión para uso privado de la Casa Real hasta la instauración de la Segunda República, que proclamó, en un decreto del 20 de abril de 1931, la cesión de los terrenos al Ayuntamiento de Madrid. Resulta interesante conocer detalladamente el texto del decreto en el que se proclamaba la cesión y especialmente el artículo primero, donde queda claramente esclarecido a qué debería dedicarse el recinto:

“Artículo primero. Se ceden al Ayuntamiento de Madrid, para que sean destinados a parques de recreo e instrucción, los terrenos de la Casa de Campo, y del Campo del Moro sitos en esta capital. El Ayuntamiento no podrá dedicarlos a uso distinto de los ya expresados, quedando facultado para construir las edificaciones y realizar las transformaciones y mejoras que exija el cumplimiento de la finalidad con la cual se hace la cesión. Acerca de los proyectos de construcciones, transformaciones o mejoras a que se refiere el párrafo anterior deberá el Ayuntamiento ponerse de acuerdo con el Ministerio de Hacienda. La cesión se entenderá de modo que, siendo del Ayuntamiento el dominio de los terrenos de que se trata queda tal dominio condicionado y limitado por la absoluta prohibición de cercenar las áreas actuales de aquellos inmuebles.”

Puente y fuente del olivar
La apertura de la Casa de Campo fue recibida con regocijo por los madrileños que, convertidos en auténtica riada humana, bajaban desde la ciudad a disfrutar de la finca. El ayuntamiento instaló  más de veinte fuentes, trescientos bancos y se construyeron refugios para tormentas. Se plantaron nuevos árboles se saneó y amplio el estanque y se realizaron otras obras para hacer más cómoda la estancia de los nuevos visitantes.


Fuente del pajarito
Sin embargo, unos pocos años después, la Casa de Campo se convertiría  en el escenario principal de la conocida como “batalla de Madrid” y quedó prácticamente arrasada y al finalizar la guerra tuvo que ser cerrada ya que sus terrenos estaban llenos de restos de material bélico y hubo que someterla a una intensa limpieza. Tras la contienda su titularidad pasaría al Patrimonio Nacional, organismo encargado de administrar y conservar las posesiones de la Corona y en 1948 coincidiendo con su reapertura al público, cambió nuevamente la titularidad legal, al pasar los terrenos a propiedad del Estado, aunque transferidos en usufructo al Ayuntamiento de Madrid.

Actualmente ocupan sus terrenos diferentes entidades que, en principio, deben cumplir con el fin que se estableció cuando paso a propiedad pública y que se confirmó en 1948: “Se cede en pleno dominio al Ayuntamiento de Madrid la llamada Casa de Campo, con la obligación por parte de la Corporación de conservarla para solaz y esparcimiento del vecindario, sin que pueda enajenarla, grabarla o destinarla a otros usos de los indicados” (Ley Especial de Madrid de 11 de junio de 1963, disposición transitoria tercera).


Teleférico de Rosales
En 1969 se inauguraron  el Parque Zoológico y el Teleférico de Rosales. El Zoo abrió sus puertas en 1972 y anteriormente otras instituciones habían ocuparon diferentes partes de la Casa de Campo: el Ministerio de Agricultura en 1921, la Sociedad Hípica Club de Campo en 1941 y la Organización Sindical también tuvo su especio para la celebración de la Feria del Campo, la primera en 1951.

Parque de atracciones. Al fondo barrio de Campaamento
Por último, para terminar este rápido repaso a la historia del este importante parque madrileño, cinco veces más grande que el Central Park de Nueva York, es necesario hacer referencia a las medida proteccionistas que desde finales del siglo XX se vienen tomando para librarle del “exceso de aprecio” de los ciudadanos. El aislamiento de determinadas zonas para posibilitar su regeneración de forma natural (principalmente el encinar de San Pedro) y la progresiva reducción del tráfico rodado, parecen prometer un futuro posible que se estaba viendo seriamente amenazado por las ingentes cantidades de vehículos y personas que ocupaban hasta el más recóndito de sus lugares. Ahora, hasta esos lugares más alejados de las zonas centrales sólo llegan paseantes y ciclistas causando, evidentemente, menos daño.

Puente de la Culebra

Puente de la Culebra
Decíamos antes, que en la zona del Zarzón y muy cerca del puente de la Culebra, obra del genial Sabatini y de la entrada del Meaques en la finca, se encuentra el Árbol del Ahorcado, bautizado de esa manera por los vecinos de la cercana barriada de Campamento, principales usuarios, por su proximidad, de esta parte de la zona verde. Se trata de un árbol que tenía unos 5 metros de perímetro con cinco enormes ramas, de las que se han perdido dos, y con una de ellas con una forma propicia para recibir tal denominación. Esta posición de las ramas, prácticamente horizontal al suelo, es típica de este árbol, como podemos comprobar unos metros más allá en otro ejemplar más joven y mejor conservado. 

Todos los niños de los alrededores han utilizado el árbol como punto de encuentro donde iniciar sus imaginarias aventuras en las tardes de los fines de semana, cuando el juego al aire libre y en compañía de los amigos era la manera habitual de ocupar el tiempo libre.


Árbol del Ahorcado visto desde el este.
Pese a su delicado estado actual, nos podemos hacer una idea de su tamaño y porte, que podemos confirmar con otro fresno que le acompaña con mejor fortuna. El Árbol del Ahorcado es un ejemplar incluido en el catálogo de árboles singulares de de la Comunidad de Madrid. En la casa de Campo existen otros árboles singulares que, en número de dieciséis, convierten el recinto en uno de los que más ejemplares puede mostrar.  


Árbol del Ahorcado visto desde el oeste.
 El fresno es un árbol que puede llegar a los 20 metros de altura, aunque el aprovechamiento de sus hojas como alimento para el ganado y de sus ramas para cestería, ha hecho que haya sido sometido a podas habituales, conocidas como desmoches, alcanzando menos altura y ensanchándose más. Crece rápidamente y, por tanto, no es demasiado longevo. No es corriente encontrar árboles de más de 150 años y casi siempre con los troncos agrietados, ahuecados o semiderruidos.

La corteza del tronco es de color grisáceo y muy rugosa, aunque en su juventud tiene una apariencia más lisa. Su madera, blanca, resistente y elástica era muy utilizada para la construcción de carros y mangos de herramientas. También es muy apreciada en ebanistería por su bonito veteado y suavidad al tacto. La leña y el carbón han sido combustibles muy apreciados y utilizados por los vecinos. Pero, sin duda, su utilidad mayor para las personas que buscaban su compañía, ha sido su utilización como alimento para los animales. Cada un cierto número de años eran podados para aprovechar sus ramas, su leña y sus hojas. Esta actividad humana ha configurado de tal modo la existencia de estos árboles, que les ha proporcionado su inconfundible apariencia: un grueso tronco a partir del que brotaban algunas gruesas ramas (en el del Ahorcado eran cinco), y de éstas, otras mucho más finas que eran las que sufrían la poda. Cuando es abandonado el desmoche, estas ramillas se han hecho más gruesas y resistentes y el árbol ha aumentado en altura. Pero si nos fijamos un poco, podemos distinguir claramente el límite entre las ramas originales y las que son el resultado del crecimiento tras el abandono del desmoche.


Fresno de la zona del Batán

Fresnos de la zona del Batán
En definitiva, se trata de un árbol muy cercano al ser humano (con el que comparte la necesidad de agua abundante) y del que se aprovecha todo. Vivir cerca de un fresno, era sinónimo de lo que hoy en día denominamos calidad de vida. Podemos ver, a modo de ejemplo, la poesía de José María Gabriel y Galán, “Sibarita”, escrita en un dialecto extremeño:

¡A mí n'ámas me gusta 
que dali gustu al cuerpo!
Si yo fuera bien rico, 
jacía n'ámas eso: 
jechalmi güenas siestas 
embajo de los fresnos, 
jartalmi de gaspachos 
con güevos y poleos, 
cascalmi güenos fritis 
con bolas y pimientos, 
mercal un güen caballo, 
tenel un jornalero 
que to me lo jiciera 
pa estalmi yo bien quieto, 
andal bien jateao, 
jechal cá instanti medio, 
fumal de nuevi perras 
y andalmi de paseo 
lo mesmo que los curas, 
lo mesmo que los médicos...
Si yo fuera bien rico, 
jacía n'ámas eso, 
¡que a mí n'ámas me gusta 
que dali gustu al cuerpo!

Las hojas del fresno son compuestas, formadas por pares de foliolos (5, 7 y hasta 9 foliolos) con uno de ellos al final y colocadas en la rama una frente a otra. Abandonan el árbol al inicio del invierno y vuelven a brotar al principio de la primavera, algo después de producirse la floración. Las flores pueden ser de un solo sexo o hermafroditas y producen un fruto en forma de sámara (bolita aplanada que se prolonga por un lado con una especie de ala para favorecer la dispersión de la semilla) que madurará a finales del verano o principio del otoño.


Frutos y hojas del fresno

Además de su aprovechamiento por los vecinos humanos, otro tipo de vecinos, desde una gran variedad de insectos, hasta animales del tamaño de la gineta, pasando por aves e incluso especies tan singulares como la rata de agua, también son habituales huéspedes del árbol y ocupan sus diferentes partes en las distintas estaciones del año. 

Este fresno, conocido también como fresno de hoja estrecha o fresno del sur, es un árbol que necesita mucha humedad, por lo que es habitual en las márgenes de corrientes de agua. En la casa de Campo, las riberas del arroyo Meaques y del Antequina son sus emplazamientos favoritos. También le gustan las altitudes medias, encontrándose con facilidad  entre los 600 y los 1200 metros. Es un árbol bastante común en la Comunidad de Madrid y no es extraño encontrar nombres de pueblos que hacen alusión al mismo: Aldea del Fresno, Fresnedillas de la Oliva o Fresno de Torote son muestra de ello. En el resto de la Península Ibérica, aunque podemos encontrarle en casi todas la provincias, es más habitual de la mitad meridional. Más al norte se encuentra preferentemente su primo, el Fraxunus excelsior, fresno común. También podemos verlo con relativa facilidad en el en el sur de Europa, suroeste de Asia y noroeste de África.
 
Fresneda del Batán
Su nombre castellano deriva del nombre latino fraxinus (fresno) y el específico, angustifolia, hace referencia a la estrechez de sus hojas. Algunos autores hacen referencia a que el nombre latino procede a su vez del griego “phraxis”,aludiendo a la facilidad con que se puede rajar.

Como todos los árboles, el fresno también ha dado lugar a numerosas leyendas y creencias populares. En muchos lugares, las hojas del fresno eran tenidas por excelente antídoto ante la mordedura de las serpientes, por lo que no sólo se utilizaban sus hojas machadas como pretendido antídoto sino que también se alababa su sombra como espacio seguro ante el ataque de estos reptiles.

Los druidas celtas invocaban al fresno para pedir una lluvia mansa que fertilizase los campos. Algo más cerca, en algunos lugares del norte de España y especialmente Euskadi o Navarra, la creencia de que espantaba al rayo, unido a su proximidad a cauces fluviales, hizo que se construyeran cerca de ellos primero casas y luego poblados enteros, como parecen demostrar ciertos topónimos: Lizarra (tierra de fresnos), Lizárraga o Lizartza que derivan de la palabra vasca lizarr, que significa fresno.


Fresnos del Zarzón

 También la mitología griega incluye el fresno en uno de los relatos más trascendentes de su enorme colección de mitos. Nos refiere como el padre de Aquiles, Peleo, recibió como regalo de boda de la diosa Tetis una lanza de madera de fresno, pulida por Atenea, de un árbol de la cima del monte Pelión. Peleo se enamoró de la nereida Tetis y pide ayuda al centauro Quirón para enamorarla (artimañas habituales en la mitología griega que suelen tener trágicas consecuencias). Quirón aconsejó a Peleo que buscase a la ninfa del mar cuando estuviera dormida en la cueva a la que solía ir, y la sujetase fuertemente para evitar que escapase cambiando de forma. Efectivamente, Tetis para escapar de su pretendiente se transformará primero en llama y luego en león, pero Peleo se mantuvo firme y Tetis consintió en casarse con él.
Peleo y Tetis se casaron en la cueva de Quirón en presencia de toda la nobleza griega e incluso de los propios dioses del Olimpo. Durante la ceremonia Peleo recibió del centauro, una lanza de fresno y otros regalos de los asistentes, pero Iris, la diosa de la discordia, que no había sido invitada a la ceremonia, urdió un plan para vengarse: buscó una manzana de oro, grabó en ella el mensaje “para la más hermosa” y la arrojó entre Hera, Atenea y Afrodita (¡vaya trío!). Dado que  cada una de ella creía merecer dicha ofrenda, acudieron a un juez aparentemente neutral, el mortal Paris, para que decidiera quien era la destinataria de la manzana de la discordia. La decisión de Paris desataría numerosos conflictos posteriores y, finalmente, la Guerra de Troya. 


Fresno con rama horizontal

Pero es la mitología escandinava la que posee un conjunto mitológico más complejo en torno a este árbol. El fresno es el Árbol del Mundo, un gigantesco árbol llamado Yggdrasil, cuyas raíces se hunden en el mundo subterráneo y cuyas ramas ascienden al cielo de Asgard. Se trata del árbol de la vida, donde se albergan los nueve mundos y de cuya corteza nació Ask, el primer hombre, creado por Odín, el dios de la guerra y sus hermanos Hoener y Loeder. El dios del trueno, Thor estaba simbolizado por su enorme martillo mágico y por una lanza de fresno. Debido a su confianza en el fresno los vikingos se ganaron el nombre de “hombres del fresno”

Puente "Colorao" junto al encinar de San Pedro

En fin, un paseo por los caminos de la Casa de Campo es actualmente una experiencia muy recomendable, sobre todo si nos alejamos de los alrededores “más civilizados”, entiéndase el eje Lago-Zoológico. Si abandonamos el coche en el aparcamiento del Zoo, o accedemos desde la estación de metro Casa de Campo, enseguida encontraremos el arroyo Meaques y siguiéndolo hacia el oeste, a contracorriente, nos internaremos en la fresneda y podremos apreciar el bosque de ribera en su totalidad sabiendo que al final encontraremos el inconfundible árbol de Ahorcado y un poco más allá el puente de la Culebra y otro árbol impresionante y también protegido, la encina del Zarzón. Pero ésta la dejaremos para otra ocasión.


PARA SABER MÁS

·         La Casa de Campo. Más de un millón de años de historia. José Luis Fernández y otros. Ayuntamiento de Madrid 2003
·         Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de Pascual Madoz (1848)





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